Comencemos por ti mismo, tu que estas leyendo esto, mira un momento tus manos, acaricia con la mano derecha tu mano izquierda, siente su rugosa suavidad, pellizca suavemente la piel, tu elástica piel, acaricia otra vez, esta vez intentando sentir los poros, las venas que están bajo ella, arpieta un poco y sentirás los huesos. No los ves, porque la piel te lo impide, y también tu visión que no es de rayos laser, pero no hay que ser muy avispado para saber que están ahí, sosteniendo tu cuerpo, ¡Vaya!, ya he llegado al cuerpo, píel por todo el cuerpo, huesos por todo el cuerpo.
¿Cómo ha llegado esto ahí?
¡Qué complicado!
No sé si contar la teoría de la evolución o la fertilización y gestación, o la teoría del Big-Bang...
Ninguna de momento, recuerdo que cuando era pequeña, todo eran listas, las preposiciones, los ríos de la vertiente Cantábrica, las provincias de Castilla y León, la lista de los reyes Godos, luego crecí y tenía la lista de libros que me había leido y la que me quedaba por leer, el génesis, las poesías que tenía que estudiar que no dejaban de ser una lista de versos, y crecí más y vinieron las listas de teléfonos de los amigos, listas de la compra, listas de ver los resultados de exámenes, y sigo con las listas, no sé más que hacer listas. ¡Qué lista soy!
Más adelante las listas se hicieron colas, la cola del cine, la cola del concierto, la cola del parque de atracciónes, las colas del parque acuático, ¡Eso sí que eran colas!, las colas se convirtieron en caravanas, ¡Mira que comprar un apartamento en Oropesa!, hasta 12 horas, ¡Qué mas quisiera yo que tener vistas al mar!.
Bueno, basta ya... el final. Pues no hay final, todo continúa de un modo o de otro, sigue siendo una lista de acontecimientos y una cola de personas.
lunes, 26 de mayo de 2008
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